No lo salves de la tristeza, soledad, no lo cures de la ternura que lo enferma…
muérdele el corazón hasta que aprenda.…
Ay, Tarumba, tú ya conoces el deseo
Te jala, te arrastra, te deshace.
Zumbas como un panal.
Te quiebras mil y mil veces.
Dejas de ver mujer cuatro días
porque te gusta desear,
te gusta quemarte y revivirte,
te gusta pasarles la lengua de tus ojos a todas.
Tú, Tarumba, naciste en la saliva.
quién sabe en qué goma caliente naciste.
Te castigaron con darte sólo dos manos.
Salado Tarumba, tienes la piel como una boca
y no te cansas.
No vas a sacar nada.
Aunque llores, aunque te quedes quieto
como un buen muchacho.